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Joanna Newsom

Hace pocos días que salió el tercer disco de Joanna Newsom, Have One On Me, y no dejo de escucharlo desde que lo tengo. Os dejo una de las canciones que más me gustan, In California.

Ya la conocí desde su primer disco, The Milk-Eyed Mender, pero ahora me gusta incluso más. Su voz se ha vuelto mucho más dulce y tiene algunos momentos Kate Bush, pero sigue siendo muy personal.

Dejo un vídeo de una de las canciones de su primer disco, The Sprout And The Bean, y así podéis comparar el antes y el después.

Nonogramas

Últimamente me he aficionado a un juego de lógica japonés, del estilo del sudoku, llamado nonograma. Consiste en una cuadrícula en la que debes descubrir el dibujo oculto sombreando los cuadrados adecuados. Para saber cuáles son esos cuadrados debes interpretar las instrucciones que te dan los números que aparecen encima de cada columna y al lado de cada fila.

Los números indican la cantidad de cuadros que deben ir sombreados en cada columna o fila. Por ejemplo, si vemos 3 . 1 . 3 quiere decir que en esa fila o columna debemos sombrear tres cuadros seguidos, dejar al menos un cuadro en blanco, sombrear uno solo, dejar al menos otro espacio, y sombrear otro grupo de tres. Así, cruzando los datos y aplicando la lógica podremos descubrir el dibujo escondido.

La verdad es que es muy entretenido y adictivo también. Hay muchas páginas en internet donde hacerlos y programas para descargar y crear tus propios puzzles. A mí personalmente me gusta mucho más imprimirlos y hacerlos con un lápiz sobre el papel, en vez de estar pegada a la pantalla.

Os dejo una página donde podéis hacer (o imprimir) muchos de ellos, clasificados por dificultad, por si os apetece engancharos.

http://ende.cc/agujero/rejillas/index.html

Los Punsetes – Tus Amigos

Golpes y desastres

Como decíamos ayer…

Últimamente no sé por qué me vienen constantemente a la cabeza imágenes violentas y brutales.

Cuando me asomo al balcón, mi mente comienza a imaginar… “¿Y si me cayera al vacío? Podría resbalarme cerca de la barandilla y caer desde el noveno piso. Podría quedarme unos segundos agarrada a uno de los barrotes, agitando los pies en el aire como si quisiera correr. Podría venir a tratar de entrarme de nuevo en casa, alarmado por mis gritos, algún miembro de mi familia… Pero al final caería y me haría puré. ¿Cómo sonaría? La gente se arremolinaría en torno a mi cadáver, y comenzaría a venir más y más gente, más y más gente, más y más gente… O quizás… quizás podría salvarme si cayera sobre la copa de ese árbol de ahí. No está justo debajo, pero quizás si me moviese en el aire como si quisiera nadar podría alcanzarlo, y entonces sólo me llevaría algunos arañazos y contusiones sin demasiada importancia. Mmmm, ¿y si pongo un pie encima de la barandilla?”. Entonces comienzo a darme miedo y vuelvo a entrar en casa.

Cuando voy andando por el paseo marítimo, veo a la gente pasar haciendo footing y no puedo evitar imaginar que se les traban los pies y caen de bruces, que se chocan con el que viene corriendo en sentido contrario, que se les cruza un gato y les hace tropezar y caer… Y si van en bicicleta, me parece que se ciñen demasiado al muro de piedra, que en cualquier momento se les tropezará el pedal en el muro y caerán aparatosamente.

Cuando cierro los ojos por la noche, me asaltan imágenes de choques en cadena en la carretera que va al trabajo, atropellos, caídas catastróficas por las escaleras del trabajo, niños pequeños precipitándose desde las ventanas de sus casas mientras sus madres los siguen con la mirada gritando de impotencia, reyertas con finales fatales…

Dime que a ti también te pasa de vez en cuando.

Hanne Hukkelberg

Cheater’s Armoury, del segundo disco de la noruega Hanne Hukkelberg, Rykestrasse 68. Que lo disfrutéis.

Seca

Siento que mi cabeza por dentro está seca. No me queda ni un ápice de creatividad. La prueba es este blog abandonado.

No es que haya sido nunca un genio, pero recuerdo cuando de pronto, haciendo cualquier tarea, tenía que parar porque se me venía a la mente alguna frase y sentía la necesidad imperiosa de escribirla; o cuando imaginaba en mi cabeza un dibujo y la idea se quedaba ahí, martilleando día tras día hasta que lo realizaba (o al menos lo intentaba, porque en muy pocas ocasiones he conseguido plasmar lo que tenía en mente); o se me ocurría una manera de hacer un collage, o de hacer música… De crear algo. Ahora, y desde hace ya algunos años, siento esos impulsos cada vez menos. Me entristece y me da miedo, porque siento que el paso del tiempo no me erosiona tan sólo por fuera, sino también por dentro.

Siento cómo envejezco por minutos.

El otro día, leyendo A Thousand Splendid Suns, la segunda novela del autor de Cometas en el Cielo, Khaled Hosseini, me encontré con un pasaje muy emocionante. Se trata de una chica (Laila) que va al cine con el chico que le gusta (Tariq), aunque no están saliendo, y en un momento de la película los actores se dan un beso de esos de cine, largos y apasionados. Seguro que todos nos hemos visto en esa situación tan incómoda y extraña alguna vez, y me pareció que este fragmento describe esa sensación excepcionalmente bien.

«On the screen, Alyona and her new husband locked lips.

Watching the kiss, Laila felt strangely conspicuous all at once. he became intensely aware of her heart thumping, of the blood thudding in her ears, of the shape of Tariq beside her, tightening up, becoming still. The kiss dragged on. It seemed of utmost urgency to Laila, suddenly, that she not stir or make a noise. She sensed that Tariq was observing her -one eye on the kiss, the other on her, as she was observing him. Was he listening to the air whooshing in and out of her nose, she wondered, waiting for a subtle faltering, a revealing irregularity, that would betray her thoughts?

And what would it be like to kiss him, to feel the fuzzy hair above his lip tickling her own lips?

Then Tariq shifted uncomfortably in his seat. In a strained voice, he said, “Did you know that if you fling snot in Siberia, it’s a green icicle before it hits the ground?”

They both laughed, but briefly, nervously this time. And when the film ended and they stepped outside, Laila was relieved to see that the sky had dimmed, that she wouldn’t have to meet Tariq’s eyes in the bright daylight.»