La prehistoria del sonido
Abril 20, 2008 por anaima
Siempre nos han dicho –y con fundamento- que el fonógrafo fue el primer instrumento utilizado para esas lides y la del corderito la primera frase grabada en la arqueología del sonido. Y con esa creencia nos hemos acostado cada noche tan tranquilos hasta que hace unos días, en concreto el jueves 27 de marzo de 2008, se dio a conocer a la prensa y a los asistentes al auditorio de la Universidad de Stanford, una extraña audición…
A todos los que allí estaban presentes se les dijo que 17 años antes de Edison hubo un francés, totalmente desconocido por cualquier hijo de vecino del país galo y no digamos de sus compatriotas europeos, llamado Eduard-Leon Scott de Martinville, que consiguió grabar sonidos, voces humanas y música, audibles y reproducibles siglo y medio más tarde. Se trataba de un gris tipógrafo que escribió en sus ratos libres una historia de la estenografía, un estudio inédito sobre novelas de caballería y un ensayo literario sobre Francia. El gran mérito de Martinville no fue inventar el fonógrafo porque no se le ocurrió antes, pero sí el fonoautógrafo, un ingenioso cacharro patentado en 1857 que funcionaba con una manivela y que lograba grabar fonogramas de una manera un tanto singular: registrando ondas sonoras que entraban por una bocina, éstas hacían vibrar una especie de punzón sobre un papel ennegrecido con el humo de una lámpara de aceite y ¡voilá!, ya tenía un autógrafo sonoro.
Martinville tenía como único propósito “escribir palabras”, no escucharlas. Este pionero del sonido grabado hizo varios intentos con decenas de papeles tintados con desigual éxito. El que se ha logrado reproducir de manera audible es uno fechado el 9 de abril de 1860 en el que se oye a lo lejos, entre mucha contaminación acústica, una canción popular francesa llamada Au clair de la lune (“en el claro de la luna”) y claro, lo que se dice claro, no se escucha pero, señoras y señores, estamos ante la primera grabación de la voz humana en la historia. Ni más ni menos.
Son diez segundos de nada, pero ¡qué diez segundos! Propongo que lo escuchéis atentamente (en un cómodo formato Mp3, sin dar vueltas a la manivela, que quién se lo iba a decir a Martinville y a Edison).
Bien, supongo que habéis escuchado Au clair de la lune y habréis comprobado que no estaban degollando a ningún corderito sino que realmente una mujer estaba entonando esta canción popular francesa. El milagro de que lo hayáis podido escuchar 148 años después de grabarlo Martinville, se lo debemos a dos investigadores californianos, Patrik Feaster y David Giovannoni, auténticos historiadores del sonido, que gracias a sus pesquisas se acercaron primero por el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual de Paris (donde hallaron la patente del fonoautógrafo y dos extrañas piezas que nuestro inventor había depositado entre 1857 y 1859) y luego a los archivos de la Academia de las Ciencias de París donde apareció ese fonograma de 1860. Bingo. Se lo llevaron a su tierra y gracias a las nuevas tecnologías del Laboratorio Nacional Lawrence de Berkeley pudieron reproducir el sonido impreso a duras penas. Antes tuvieron que eliminar el ruido de fondo y las fluctuaciones de velocidad propias de una grabación hecha con un aparato que funcionaba con manubrio.
Aún así, a pesar de lo que habéis escuchado, Edison seguirá siendo el primero que inventó un aparato capaz de grabar y reproducir el sonido porque el de Martinville únicamente lo grababa. Ni él mismo pudo escuchar lo que ahora nosotros podemos oír. Nunca pensó que esa patente pudiera dar tanto juego en el futuro. Tan sólo cuando Edison anunció la creación de su aparato en 1877, cayó en la cuenta de las inmensas posibilidades que tenía lo que había inventado. Martinville en esas fechas ya estaba un poco cascado y murió un año después, pasando a un injusto e ingrato olvido.
Un coro de Haendel para caerse de espaldas
Y ya que estamos añorando viejos sonidos, no me resisto a adjuntar a este artículo otro de esos sonidos prehistóricos, toda una joya para escuchar y recordar. Se trata de la grabación musical más antigua que se conserva… de momento.
Si agudizamos la tropa de Eustaquio, oiremos un coro de voces femeninas que interpretan una obra del compositor alemán Haendel. La grabación se efectuó el 29 de junio de 1888 en el Crystal Palace de Londres y se registró en un cilindro de parafina por uno de los empleados de Edison, George Gouraud que, por aquella época, intentaba recoger todo sonido que fuera susceptible de ser inmortalizarlo en el fonógrafo. Escuchar con atención este coro titulado “Israel en Egipto”, dirigido por Sir August Manns, y recordar que no se trata de ninguna psicofonía, aunque parezca una música fantasmal llegada desde el otro mundo.
Por cierto, en ese año de 1888, Emile Berliner patentó el gramófono, un instrumento muy similar al fonógrafo, el único que en realidad hizo sombra al invento de Edison, que se utilizó para sonorizar las películas cinematográficas.»
Jesús Callejo
Madre mía. El de “Au clair de la lune” si que es toda una sicofonía. Da un yuyu….
El de Israel en Egipto todavía algo se oye. Hace tiempo, escuché una grabación en cilindro de cera de principios del siglo XX (1905 o 1906, creo) en el que se oye cantar al último castrati. Sonaba bastante más que la de Israel en Egipto, aunque con el gramófono ya era un poco cutre usar ese método.