Atisbos de un jueves por la tarde (I)
Marzo 31, 2008 por anaima
Hace un par de años, en la asignatura de Traducción Literaria nos encargaron traducir un capítulo de la novela American Psycho, de Bret Easton Ellis. Me encantó el capítulo, y disfruté mucho traduciéndolo. Os dejo el primer trozo.
«ATISBOS DE UN JUEVES POR LA TARDE
y es media tarde y me encuentro en una cabina de teléfono en una esquina de algún lugar del centro de la ciudad, no sé dónde, pero estoy sudoroso, el dolor sordo y pulsátil de la migraña me golpea la cabeza y estoy sufriendo un ataque de ansiedad de primera categoría. Busco en mis bolsillos un Valium, o un Xanax, o un Halcion suelto, cualquier cosa, y todo lo que encuentro son tres Nuprin descoloridos en un pastillero de Gucci, así que me los meto los tres en la boca y me los trago con una Pepsi Light que no podría decirte de dónde la he sacado aunque me fuera la vida en ello. He olvidado con quién he almorzado antes y, más importante aún, dónde. ¿Ha sido con Robert Ailes en Beats? ¿O con Todd Hendricks en Ursula’s, el nuevo bistro de Philip Duncan Holmes en Tribeca? ¿O con Ricky Worral en December’s? ¿O quizás con Kevin Weber en Contra, en NoHo? ¿Pedí un sándwich de perdiz en pan de brioche con tomates verdes, o un gran plato de endibias con salsa de almejas?
-Dios, no consigo acordarme- gimoteo.
Mi ropa -una chaqueta de sport de lino y seda, una camisa de algodón, pantalón de pinzas de lino color caqui, todo de Matsuda, una corbata de seda con el distintivo de Matsuda y un cinturón de Coach Leatherware- está empapada de sudor. Me quito la chaqueta y me seco la cara con ella. El teléfono sigue sonando pero no sé a quién he llamado; yo sigo en la esquina con mis Ray-Ban en la frente, que forman un ángulo torcido y curioso. Entonces me llega un sonido débil a través del teléfono que me resulta familiar: es la voz suave de Jean luchando contra el eterno atasco de Broadway. Esta mañana, el programa de Patty Winters se titulaba «La Aspirina: ¿puede salvarte la vida?».
-¿Jean? - grito- ¿Hola? ¿Jean?
-¿Patrick? ¿Eres tú? ¿Hola?- me responde.
-¿Jean? Necesito ayuda.
-¿Patrick?
-¿Qué?
-Ha llamado Jesse Forrest. Tiene una reserva en Melrose para esta noche a las ocho, y Ted Madison y Jaime Conway quieren tomarse una copa contigo en Harry’s. ¿Patrick? ¿Dónde estás?
-¿Jean? -suspiro y me sueno la nariz- No voy a…
-Ah, y ha llamado Todd Lauder -dice Jean- No, era Chris… ah, no, Todd Lauder. Sí, era Todd Lauder.
-Dios -me quejo bajo el sol abrasador de agosto y me aflojo la corbata-, ¿pero qué estás diciendo, zorra?
-No, no es en Hurrah!, Patrick. La reserva es en Melrose, no en Hurrah!
-¿Qué estoy haciendo? -grito.
-¿Dónde estás? ¿Patrick? ¿Te ocurre algo?
-Jane, no voy a ir -le digo, asfixiándome- …a la oficina esta tarde.
-¿Por qué? -me preguntó con tristeza, o quizás era sólo confusión.
-Tú sólo… di… que no -grito.
-¿Qué pasa, Patrick? ¿Te encuentras bien? -me pregunta.
-Joder, deja de hablarme con pena… Jesús.
-Patrick, lo siento. O sea, quiero decir que diré que no, pero…
Le cuelgo y me alejo de la cabina. El walkman que llevo colgado del cuello de pronto me pesa como si llevara una piedra (y el sonido estridente de Dizzi Gillespie en sus comienzos me resulta insoportable) y tengo que tirar esta chatarra en la primera papelera que veo, me apoyo en el borde respirando pesadamente, con la chaqueta barata de Matsuda atada a la cintura y mirando al walkman, que sigue funcionando. El sol me derrite la gomina y se va mezclando con el sudor que me corre por la cara, puedo notar el sabor cuando me humedezco los labios y está empezando a gustarme. De pronto me entra hambre y me paso la mano la mano por el pelo y me chupo ávidamente la palma mientras camino por Broadway, ignorando a las ancianas que pasan volando, las tiendas de vaqueros con la música a todo volumen que inunda las calles, la gente moviéndose al ritmo de la canción, un single de Madonna, y Madonna gritando «life is a mistery, everyone must stand alone…», los mensajeros en moto pasan zumbando y me paro en una esquina frunciéndoles el ceño, pero la gente pasa, me ignora, nadie presta atención, ni siquiera fingen no prestar atención, y eso me da ánimos para dirigirme a un Conran cercano para comprar una tetera, pero cuando pienso que he vuelto a la normalidad y me encuentro más despejado siento una punzada en el estómago y unos retortijones tan intensos que llego cojeando al portal más cercano y me aprieto la cintura, retorciéndome de dolor, y tan rápido como había llegado se extingue, y puedo enderezarme y apresurarme hacia la ferretería más cercana. Una vez dentro compro un juego de cuchillos de carnicero, un hacha y una botella de ácido clorhídrico, y después, en una tienda de animales que hay más abajo, compro una jaula Habitrail y dos ratas blancas para torturarlas con los cuchillos y el ácido, pero luego por la tarde me dejo el paquete con las ratas en el Pottery Barn mientras compro velas, ¿o compré al final la tetera?»
Jajajaja. El protagonista del libro está peor que uno que tú y yo sabemos.
Mucha gente me ha comentado que American Psycho está muy bien, aunque eso del rollo “bestseller” siempre me ha escamado un poco. Desde luego en este fragmento hay una descripción impresionante de los acontecimientos… Y enhorabuena por tu traducción, que supongo le pondrían buena nota.