Pocos saben que de entre las muchas actividades a las que se dedicó Leonardo estaba también la cocina. Yo me enteré hace pocos días, cuando cayó en mis manos un curioso libro titulado Notas de cocina de Leonardo Da Vinci. Al parecer, su afición a la gastronomía venía desde niño, cuando su padrastro, que era repostero, le atiborraba de pasteles mientras él engordaba y engordaba. Más tarde, por necesidades económicas, comenzó a servir comidas en una taberna llamada Los Tres Caracoles. Tras la misteriosa muerte por envenenamiento de todos los cocineros del local, Leonardo y su amigo Boticelli comenzaron a regentar la taberna, a la que llamaron La Enseña de las Tres Ranas de Sandro y Leonardo. Allí inventaron lo que hoy llamamos nouvelle cuisine, y servían platos de polenta adornados con hojas de albahaca dispuestas de diversas formas y zanahorias talladas formando diferentes figuras. Pero los clientes que acudían a la taberna eran trabajadores que esperaban atiborrarse de carne, y por los pelos se salvaron ambos de morir asesinados a manos de los hambrientos comensales.
Tras este fracaso, y aprovechando que Lorenzo de Medici mantenía una pequeña guerra contra el Papa, Leonardo se entretiene en mandarle unas maquetas de máquinas de asalto hechas de mazapán. Lorenzo, que no comprende bien lo que quiere decirle Leonardo, las ofrece a comer a sus invitados. Ante este nuevo fracaso, Da Vinci decide marcharse de Florencia. En compensación por el agravio de haberse comido sus maquetas, Lorenzo de Medici le entrega una credencial recomendándolo a Ludovico Sforza. Y aquí es cuando comienza a desempeñar su puesto de maestro de banquetes de la Corte de los Sforza, que se prolongaría por más de 30 años.
Pero allí también le esperaban algunos fracasos culinarios. Por ejemplo, cuando tuvo que ocuparse de la comida de la boda de una sobrina de Ludovico, Leonardo propuso el siguiente menú:
- Una anchoa enrollada descansando sobre una rebanada de nabo tallada a semejanza de una rana.
- Otra anchoa enroscada alrededor de un brote de col
- Una zanahoria, bellamente tallada.
- El corazón de una alcachofa
- Dos mitades de pepinillo sobre una hoja de lechuga
- La pechuga de una curruca
- El huevo de un avefría
- Los testículos de un cordero con crema fría
- La pata de una rana sobre una hoja de diente de león
- La pezuña de una oveja hervida, deshuesada
Pero no convenció a Ludovico, que lo cambió por este otro:
- 600 salchichas de sesos de cerdo de Bolonia
- 300 zampone (pata de cerdo rellenas) de Módena
- 1.200 pasteles redondos de Ferrara
- 200 terneras, capones y gansos
- 60 pavos reales, cisnes y garzas reales
- mazapán de Siena
- Queso de Gorgonzola que ha de llevar el sello de la Cofradía de Maestros Queseros
- La carne picada de Monza
- 2.000 ostras de Venecia
- Macarrones de Génova
- Esturión en bastante cantidad
- Trufas
- Puré de nabos.
Más tarde tendría que organizar los preparativos para la boda de Ludovico con Beatrice d’Este. Pretende celebrar toda la fiesta en el interior de una tarta: una réplica de 60 metros de longitud del Palacio Sforza construida en el patio del palacio con masa para pasteles. Pero Leonardo no tuvo en cuenta el efecto que el olor de este gigantesco pastel tendría sobre todas las ratas de Milán. Los hombres de Ludovico pasaron la noche de la víspera de la boda luchando contra las ratas, y al amanecer el patio estaba cubierto de trozos de las ruinas del pastel y multitud de cadáveres de ratas.
Tras este nuevo revés, Leonardo se dispondría a inventar una serie de utensilios que consideraba necesarios para una buena cocina, y también nos dejaría una colección de recetas y observaciones sobre los alimentos recogidas en los escasos manuscritos que componen el Codex Romanoff. Pero eso lo veremos en el siguiente post.